SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI
DEL CRISTO SACRAMENTADO AL CRISTO ENCARNADO EN LOS POBRES Y MARGINADOS
Celebramos hoy la solemnidad del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, una fiesta de gran raigambre popular en muchas ciudades y pueblos. “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, jueves de la Ascensión y Corpus Christi” señalaba este dicho popular y aunque ya son pocos los lugares que mantienen la fiesta del Corpus en jueves, sigue siendo una de las fiestas religiosas más populares en muchos pueblos y ciudades.
A simple vista la celebración litúrgica del Corpus Christi podría parecer con un duplicado de la del Jueves Santo pero si hay una convergencia básica entre las dos también hay matices o diferencias de acento. Si en jueves Santo se acentúa la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, en la fiesta del Corpus Christi se acentúa la presencia real de Cristo sacramentado en las especies del pan y el vino, la procesión por las calles y el día de la Caridad, de Cáritas.
Jesús antes de la pasión y muerte nos va a dejar en herencia la Eucaristía, para que no nos quedemos huérfanos. Nos quiere seguir acompañando a través de su presencia no física pero sí real en las especies sacramentadas del pan y vino. “Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Tomad y bebed esta es mi sangre”, nos dice Jesús en la última cena y en cada Eucaristía, con lo cual afirma que tras la consagración el pan y el vino no cambian de materia pero sí de substancia de tal manera que hacen posible la presencia real de Cristo entre nosotros. No es un mero simbolismo, creemos que Cristo está realmente presente en las especies sacramentadas y que se queda después en el sagrario para prolongar su presencia y poder llevarlo a los enfermos.
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”, nos dice Jesús en el discurso del pan de vida que pronuncia tras la multiplicación de los panes y los peces y que leemos en el evangelio de hoy. Jesús se hace comida y bebida para entrar dentro de nosotros, para hacerse uno con nosotros. Comer el cuerpo de Cristo implica que nos vamos configurando a Cristo, nos vamos transformando en lo que comemos. Comulgar a Cristo implica hacernos otros Cristos de manera que, como nos dice San Pablo “ya no soy yo quien vive sino que es Cristo quien vive en mí”.
El día del Corpus en muchos lugares se realiza la popular procesión del Corpus. Las calles por donde va a pasar la procesión se preparan para recibir con los mejores honores a nuestro rey y Señor. Son diferentes las tradiciones a lo largo y ancho de los pueblos y ciudades donde se hace esta popular procesión. En Castilla mi tierra, se llena el suelo de tomillos, una planta que surge en los campos castellanos en la primavera y que desprende un buen olor. En otros sitios de Andalucía el suelo se llena de juncos del río y de dibujos alusivos a la Eucaristía hechos con serrín coloreados. En algunos lugares como la sierra de Cádiz las calles parecen bosques, se adornan con ramas las puertas, balcones y ventanas. También se construyen altares por donde va a pasar la procesión y donde se detendrá el Santísimo. En unos lugares se porta el Cristo sacramentado en una simple custodia pero en otros la custodia va colocada en grandes y valiosas andas para dar mayor realce al Cristo sacramentado en su paseo por las calles (Toledo, Sevilla, Granada).
El Corpus Christi es el día de la caridad, el día de Cáritas. Cáritas es la institución de la Iglesia católica para animar, coordinar y llevar a cabo la acción caritativa y social de la Iglesia. Cáritas está presente donde está la Iglesia católica pero en algunos lugares como España, de forma especial, Cáritas es la institución más valorada de todas las que se dedican a ayudar a los más necesitados. En la Eucaristía Cristo sigue entregando su cuerpo y derramando su sangre por amor a los hombres y se nos ofrece como comida para que nosotros también nos hagamos pan y nos entreguemos cuerpo y sangre a los demás. Por eso hoy es el mejor día para celebrar la caridad y a Cáritas como institución de la Iglesia católica que hace visible el amor de Cristo a los más pobres y marginados de la sociedad.
En Perú hay Cáritas a nivel nacional y diocesano pero apenas hay Cáritas parroquiales y este día de la Caridad es notablemente distinto cómo se celebra en España pues no hay ninguna campaña especial en este día ni por los obispos ni por Cáritas. Por eso, discúlpenme los amigos peruanos que siguen esta página semanal que comente algo del magnífico mensaje con motivo del Día de la Caridad de la Comisión episcopal de pastoral social de la Conferencia Episcopal Española. Con este mensaje los obispos apoyan la campaña que Cáritas hace en estos días para concientizar a todos los católicos sobre nuestro compromiso con los más débiles, de información sobre sus acciones y proyectos de ayuda inmediata y de promoción social, sin olvidar la denuncia profética de las injusticias que hace durante todo el año. También en este día del Corpus se hace una colecta especial en la Iglesia española, la más cuantiosa de todo el año y que va íntegra para Cáritas.
El mensaje de este año de los obispos de la comisión episcopal de pastoral social de la conferencia episcopal española lleva por título “llamados a ser comunidad”. Los obispos empiezan su mensaje alabando a Cáritas por la invitación constante que nos hace crecer como comunidad de hermanos que comparten el mismo pan, el cual nos ayuda a crecer en la espiritualidad de comunión que da sentido y anima nuestro compromiso social en favor de los que sufren.
Cáritas, nos dicen los obispos, nos invita a poner el foco de atención en la dimensión comunitaria de nuestro ser, como eje fundamental de nuestro hacer al servicio del Reino de Dios y del proyecto de transformación social por el ejercicio de la caridad. “Ser comunidad, redescubrir nuestro ser comunitario es fundamental para superar nuestros intereses individuales y contribuir, desde la experiencia del amor de Dios, a construir una sociedad más justa y solidaria.”
Los obispos animan a los fieles católicos a cultivar una verdadera espiritualidad de comunión al estilo de aquellos primeros cristianos que vivían unidos y lo tenían todo en común porque eran asiduos en la enseñanza de los apóstoles y en la fracción del pan. Una espiritualidad de comunión que nos lleva a vivir el servicio de la caridad como un servicio al desarrollo humano integral, como nos decía el Papa Pablo VI en la encíclica Populorum Progressio y de la cual estamos celebrando los cincuenta años. “El desarrollo humano tiene que ser integral, promover a todos los hombres y a todo el hombre”, nos decía el Papa Pablo VI hace cincuenta años y hoy sigue siendo tan actual.
Termina el documento aludiendo a unas palabras del Papa Francisco en la que nos dice que “no toda espiritualidad sirve para el compromiso caritativo y social. No sirven las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón”. Ni espiritualismo desencarnado ni activismo ideológico.
Vivir el día del Corpus, el día de la caridad en esta comunidad del Paraíso me llama a crear una comunidad con una espiritualidad que, lejos del espiritualismo desencarnado y del activismo ideológico, sea una comunidad alimentada por una espiritualidad de ojos abiertos a Dios y a los hermanos. Vivir una mística buscadora de rostros al estilo de Jesús, que se adelanta a ver el rostro de los oprimidos, sale al encuentro de los que sufren y es buena noticia para los pobres.