1 DE ENERO FESTIVIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS Lc 2, 16-21

BENDICIONES PARA TODOS EN EL NUEVO AÑO

La festividad litúrgica que celebramos hoy es la de santa María madre de Dios pero, además, celebramos la Jornada Mundial de Oración por la paz y el comienzo del año nuevo. Una breve reflexión sobre estas tres cosas en este primer atrapanieblas del año 2018 y que hago desde Puerto Serrano, Cádiz, España, donde he pasado la nochevieja y estaré también este primer día del año nuevo.

Fue en el Concilio de Éfeso (año 431) cuando, confirmando lo que ya creía el pueblo cristiano, se definió como dogma de fe que María es “Madre de Dios”. Así se resolvió una controversia que no era estrictamente mariana, sino cristológica condenando la doctrina de Nestorio, que negaba la identidad personal entre el hombre Jesús, hijo de María, y el Hijo de Dios. El Concilio afirma la única persona divina de Cristo en dos naturalezas, la divina y la humana, concluyendo así que María es la Madre de Dios, por ser quien dio la naturaleza humana a Cristo Jesús.

La aceptación de la maternidad divina por parte de María es, ante todo, un acto de fe y de obediencia libre por las que coopera activamente, y no como un instrumento meramente pasivo a la salvación de los hombres. Aceptando el mensaje divino María se convirtió en Madre de Jesús, es decir, primeramente por la fe. Por eso su prima Isabel la llama dichosa, porque ha creído a la palabra de Dios con su “hágase”.

En el seno de María se realiza el hecho más sorprendente de toda la historia humana: el encuentro de Dios con el hombre. Encuentro tan personal que la Palabra eterna, el Hijo del Padre, se hace humano en María y se encarna en nuestra raza. Si no fuera dato de fe nos parecería fantasía mitológica. Creemos en la humanización de Dios para la divinización del hombre, pues el Hijo de Dios se hace un hombre para que éste se convierta en hijo de Dios. Este doble movimiento del proyecto divino se apoya, como en su eje, y tiene su quicio y punto de inserción en la maternidad de María; ella es el puente que une las dos orillas. Por eso su maternidad es un servicio a toda la humanidad; con razón bendecirán a María todas las generaciones de la historia.

Pero, además de referirse necesariamente a Cristo, María dice relación también al misterio de la Iglesia, de la que es miembro, modelo y madre como nos dice la constitución dogmática del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, “Lumen Gentium” en los números del 52 al 54. El fundamento de su maternidad eclesial hay que verlo en dos de sus funciones, madre de Cristo y corredentora. María es verdadera madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza. Por eso la Iglesia católica guiada por el Espíritu Santo, la venera con afecto de piedad filial como a Madre amantísima.

La Jornada Mundial de Oración por la Paz fue instituida por el Papa Pablo VI el 1 de Enero de 1968. Desde entonces todos los años los Papas han escrito un mensaje en este primer día del año. El de este año, del Papa Francisco, lleva como lema: “Migrantes y refugiados, hombres y mujeres que buscan la paz”.

En la primera parte del mensaje el Papa nos transmite su deseo de paz a todas las naciones de la tierra, la paz que anunciaron los ángeles a los pastores en la noche de Navidad. Pero especialmente el Santo Padre desea la paz a los más de 250 millones de migrantes que hay en el mundo y sobre todo a los 22 millones y medio de refugiados: “hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz”. El Papa Francisco nos pide tener espíritu de misericordia con estos hermanos nuestros que huyen de la guerra y del hambre y se ven obligados a abandonar su tierra.

En la segunda parte del mensaje el Santo Padre se pregunta por qué hay tantos refugiados y migrantes. La respuesta que el Papa da es diversa. Unos huyen de las guerras, conflictos, genocidios, limpiezas étnicas. Otros migran por el anhelo de una vida mejor, para encontrar mejores oportunidades de trabajo o de educación: quien no puede disfrutar de estos derechos no puede vivir en paz, dice el Papa Francisco. Además, como había subrayado ya en la Encíclica “Laudato sí”, nos recuerda que «es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental». También denuncia a los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia.

En la tercera parte del documento el Papa nos invita a dar una mirada contemplativa a esta realidad. Todos formamos parte de una sola familia y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir. Quienes se dejen llevar por esta mirada, dice el Papa, serán capaces de reconocer los renuevos de paz que están ya brotando y de favorecer su crecimiento.

Termina su mensaje el Papa Francisco señalándonos cuatro piedras angulares para la acción; acoger, proteger, promover e integrar. «Acoger» a los desplazados y los inmigrantes y no expulsarlos a lugares donde les espera la persecución y la violencia. «Proteger» a los que huyen de un peligro real en busca de asilo y seguridad, evitando su explotación, sobre todo de las mujeres y los niños expuestos a abusos. «Promover» el desarrollo humano integral de los migrantes y refugiados garantizando a los niños y a los jóvenes el acceso a todos los niveles de educación y así sacar el máximo provecho de sus capacidades. Por último, «integrar» “significa trabajar para que los refugiados y los migrantes participen plenamente en la vida de la sociedad que les acoge, en una dinámica de enriquecimiento mutuo y de colaboración fecunda, promoviendo el desarrollo humano integral de las comunidades locales”.

En estos días de final y comienzo de un nuevo año todos nos deseamos feliz navidad y próspero año nuevo. Pero muchas veces lo hacemos por rutina, por cumplir, porque todo el mundo lo hace, por quedar bien. En la primera lectura de esta festividad de Santa María Madre de Dios, del libro de los Números, leemos cómo el Señor da a Moisés una fórmula de bendición para que transmita a los Israelitas. “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz”. Bendecir significa decir bien. Pedir la bendición de Dios es pedirle su favor, su protección, desear que Dios este sobre una persona. En Perú es muy común pedir bendiciones para una persona y pedir al sacerdote que bendiga a sus hijos pequeños. Esto muestra que el peruano sabe muy bien que solo el favor de Dios es lo que nos puede dar paz, felicidad y amor y por eso pedimos que su bendición descienda sobre las personas que amamos. Esto es lo que deseo para todos pero especialmente para los que viven en el Paraíso, en el cono sur de Lima, donde volveré en un par de semanas para continuar la misión que Dios me ha encomendado en este momento. FELIZ NAVIDAD Y BENDICIONES PARA LOS QUE SIGUEN ESTA HUMILDE PAGINA QUE TITULO EL ATRAPANIEBLAS.