FRANCISCO EN HUANCHACO: “NO TIENEN DERECHO A DEJARSE ROBAR LA ESPERANZA”

Todo el norte del Perú se movilizó el pasado 20 de Enero a la explanada de la playa de Huanchaco. Aproximadamente unas 500 mil personas se congregaron en la gran misa que brillaba por su ambiente, organización, acto litúrgico y sobre todo la presencia de más de 30 imágenes sagradas provenientes de diversas regiones del norte peruano.

El mensaje del papa fue contundente para los presentes cuya fe fue enriquecida. “A ustedes les tocó enfrentar el duro golpe del ‘Niño costero’, Jesús en la cruz quiere estar cerca de cada situación dolorosa para darnos su mano y ayudar a levantarnos… no tenemos un Dios ajeno a lo que sentimos y sufrimos, al contrario, en medio del dolor nos entrega su mano”, les dijo el papa Francisco.

“Los peruanos no tienen derecho a dejarse robar la esperanza”, dijo el sumo pontífice al recordar las situaciones difíciles que atravesaron los norteños por lo del Niño costero. “Estos sacudones cuestionan y ponen en juego el valor de nuestro espíritu y de nuestras actitudes más elementales”, señaló.

En ese sentido el papa también les recalcó su actitud evangelizadora: “El alma de una comunidad se mide en cómo logra unirse para enfrentar los momentos difíciles, de adversidad, para mantener viva la esperanza”. Sin duda les resaltó su espíritu solidario y de unidad.

Otra de las tormentas a la cual también hizo alusión el Papa en Huanchaco, y que destruye la confianza mutua, fue sobre las condiciones de vida que miles de jóvenes atraviesan por la falta de oportunidades educativas y laborales, con familias sin techo ni trabajo, sin seguro, y en medio de la violencia organizada. El papa refirió que esto no les permite construir un futuro seguro y de paz, y motivó a la población a construir una “red de contención y esperanza” para salir adelante.

Finalmente, el Santo Padre exhortó a los asistentes a fortalecer su fe católica, a no perder la esperanza, a confiar siempre en el Resucitado y a mantenernos unidos para enfrentar las adversidades o “sacudones”.

Terminada la Santa Misa, el Santo Padre fue llevado en el papamóvil a una de las comunidades más afectadas por el Niño costero, al barrio de Buenos Aires. Una comunidad que hoy espera revertir y transformar sus múltiples adversidades.

Pilar Baldeón