LOS MARTINCITOS: “ESTA ES MI CASA, ES MI FAMILIA”

Pasados 30 años, las abuelitas y los abuelitos de Los Martincitos se muestran hoy empoderados, alegres, acompañados, apoyados y gozadores de espacios dignos. Sin embargo, sus condiciones de existencia resultan siempre retadoras, por todo lo que implica hoy en el Perú, y especialmente en Lima Sur, llegar a tener 60 años a más de edad, y vivir o sobrevivir, sin las condiciones de vida digna y bajo situaciones de pobreza, maltrato, violencia, discriminación, abandono y dependencia, que llegan a vulnerar sus derechos a la vida, la salud, la integridad, la dignidad, la igualdad y la seguridad social.

Los Martincitos, con apoyo de la Iglesia católica de Lima Sur, participan en espacios que promueven su dignidad, sus derechos y su calidad de vida, al menos en parte.

PUNTO DE PARTIDA

Tres décadas ha cumplido el programa para las personas adultas mayores Los Martincitos. Surgió en octubre de 1987, en Villa El Salvador, en el Centro Parroquial “Óscar Romero”, que entonces apoyaba unos 60 comedores parroquiales a través de Cáritas Lima. Eran años de una fuerte crisis económica y del conflicto interno violento en el Perú.

Antonio Palomino, coordinador del programa desde su fundación, evoca los inicios: "En la parroquia, encontrábamos adultos mayores que llegaban de sus pueblos por el tema de la violencia política, de la sierra y de la selva. Algunos eran casos sociales que les apoyaban los comedores. Entonces, veíamos ese sector que nadie se preocupaba en esos años".

La señora Julia Quispe Condor, voluntaria y cofundadora, testimonia: “Yo trabajaba antes en los comedores parroquiales, porque había bastante necesidad en el tiempo del terrorismo. Tony estaba muy chiquillo, tenía 18 años, y yo me lo jalaba para todo lado, porque él es mi sobrino. Como trabajábamos en los comedores, veíamos a abuelitos, que les llaman caso social, les hacían lavar la olla. Entonces, me acordé de mis padres en la sierra, y decía: "¿Por qué no hacer algo por ellos?”, entonces, el padre era muy joven. Nosotros le decíamos: "Padre, ¿por qué no hacemos un comedor para abuelitos?". "¿Están locas? En Villa El Salvador todavía no hay viejitos, todos son jóvenes”, nos decía. Es que todos éramos jóvenes”.

Convocaron a la primera reunión en la que participaron el padre Cristóbal McCoy y cuatro laicos: las señoras Julia y Gloria Quispe, Alicia Castro y Antonio Palomino. "Aparecieron cerca de 60 adultos mayores: quechuahablantes, algunos recién llegados de sus pueblos, algunos tenían familia, pero ésta salía a trabajar y se quedaban solos. Entonces, empezamos a planificar, a ver, a preocuparnos qué podemos hacer, sabiendo que había esa respuesta. "Nos gustaría reunirnos una vez a la semana para poder encontrarnos, jugar, cantar, hacer dinámicas, o reflexionar”. Y así empezamos", cuenta Palomino, más conocido como “Tony”.

El origen del nombre del programa se relaciona al hecho de haber surgido en la Parroquia San Martín de la Caridad. “Empezamos con un día de almuerzo. Agradezco mucho al primer alcalde, que era Michel Azcueta. Cada comedor traía un poco de cosas para los abuelitos, pues no teníamos nada todavía nosotros. Yo prestaba mi olla, otra compañera un sartén, o sea éramos así. De allí, poco a poco han ido asistiendo más y más. Había más necesidad de abuelitos que no tenían familia, abandonados. Ese era nuestro reto: ayudar a la gente más necesitada, a quienes están en pobreza extrema. Hasta ahora”, narra la señora Julia.

El programa se ha ganado un espacio en el distrito de V.E.S. Hoy es muy conocido por las autoridades, las organizaciones, las instituciones, y ha logrado que las personas adultas sean respetadas en la comunidad. Se les educa en derechos para que ellos no sean abusados ni en la comunidad ni en sus propias familias. “Porque encontramos situaciones terribles de violaciones, situaciones de maltrato físico, psicológico, en los hogares, en las familias. Los hijos que tienen 5, 6 o 7 hijos, pero los dejan abandonados, entonces, el programa nos ha ayudado a poder defenderles. Les quitan sus casitas, les quitan las cosas, entonces, el programa va en ese sentido también a que el adulto mayor sea respetado”, manifiesta Tony.


PRESENTE DE DESAFÍOS

Hacemos votos porque la obra de Los Martincitos continúe mejorando la condición de vida de las personas adultas mayores, empoderándolas y reivindicando su ciudadanía plena en Villa El Salvador.

Ese programa especial merece con creces concretar los desafíos presentes de procurar financiamiento para mantener el programa, atender 3 veces por semana, denunciar la discriminación por edad, y persistir para que el Estado, en sus diferentes niveles y desde sus políticas locales, les saque del sistemático abandono y dé respuesta rápida y efectiva para atender sus exigencias y propuestas, con la misma dedicación y prontitud que a los demás grupos etarios que igualmente lo necesitan y claman apoyo; sin priorizar ni sobreponer con fríos cálculos la problemática de la niñez frente a la de la vejez, pues, ambas son vitales.

Que Los Martincitos siga siendo un espacio de cambio de vida y que todas las personas adultas mayores que participan encarnen vivamente su lema: "El arte del saber vivir". Y vivir bien, con igual dignidad y los mismos derechos que toda persona.

Manuel Herrera