MENSAJE DE NUESTRO OBISPO POR SEMANA SANTA
Muy queridos hermanos de Lima Sur, estamos a pocos días de iniciar la Semana Santa y veo como esta Cuaresma tan especial nos ha ido preparando con una sequía que llevó a muchos a orar para pedir agua y lluvias, y luego llegaron las lluvias pero no en el tiempo que ordinariamente llegan y por el calentamiento del mar se convirtieron en tormentas, en lugares que no estaban preparados para recibir tanta agua, y se originan ríos abundantes que a su paso reclaman sus antiguos causes, encontrando en ellos a muchos hermanos desplazados por la vida y que habían construidos en ellos sus casas y Vivian allí con sus familias.
El Perú sufre hoy, y sufre por cada uno de los hermanos y hermanas que han muerto a consecuencia de estos desastres, por cada uno de los damnificados, de las víctimas, de aquellos que se han quedado sin nada. “La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico” (Papa Francisco, mensaje de Cuaresma 2017)
Con este dolor por el Perú entramos a la Semana Santa, para que unidos a Jesús y con ellos a su pasión poder poner la pasión de tantos hombres, mujeres, niños y ancianos que lo han perdido todo, menos la vida. Miremos como el valor de la oración debe ser para nosotros lo primero, escuchar a Dios, su palabra y poder, unidos a Cristo, renovar la entrega de Cristo como nuestra propia entrega y poder decir “Por ellos todo”.

Que el Jueves Santo sea un tiempo de oración fuerte por el Perú, por las víctimas de esta catástrofe, por las familias que han quedado en el abandono. Que el Viernes Santo sea un acompañar a Jesús en los hermanos sin alimentos, sin agua, sin luz, que como Cristo hoy repiten “Padre, porque me has abandonado” Querido hermanos hoy mirar la cruz es mirar a Cristo crucificado con el Perú. Mirar su pasión, su muerte es mirar la pasión de los hermanos del norte del país como nuestros y las posibles epidemias que como consecuencia pueden desencadenarse.
Celebrar la Resurrección debe ser para nosotros renovar la entrega de la esperanza para quien ha perdido todo y poder decir al momento de encender la vela de Pascua “Cristo cuenta conmigo, yo cuento contigo, sé tú mi esperanza”. Para que el Perú no resucite fruto del dinero, sino de la fe y la auténtica esperanza que nos regala Jesús, la de la eternidad, la de tener conciencia y crear carreteras y puentes bien hechos, sabiendo que trabajamos para el hermano y no para nuestros propios beneficios. “El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.” (Papa Francisco, mensaje de Cuaresma 2017)
La esperanza de Cristo nos urge y nos compromete, solo así el Perú saldrá adelante y entregaremos nuestra vida a esta esperanza.
De ahí que, hermanos que esta carta nos comprometa a todos a ser misioneros de la esperanza en el Resucitado. Si hemos padecido con Cristo la pasión de toda esta catástrofe, con El tenemos que resucitar.
Con mi Bendición
+ Carlos Enrique García Camader
Obispo de la Diócesis de Lurín
Lima Sur