LIMA MORADA, EN BUSCA DE LA FE


Llegó Octubre, mes de los temblores y tradiciones criollas. A lo largo de los años se va transmitiendo el legado a los fieles que saben que en Octubre muchos devotos se visten de morado y/o llevan un cordón blanco o un escapulario en su pecho. Pues es el mes del Señor de los Milagros, Cristo de Pachacamilla o Cristo moreno. A pasos cortos llevan el anda del Señor de los Milagros, Las calles de la ciudad huelen a sahumerio, a pancita y a rachi. Se escuchan rezos, plegarias, pregones y ofertas. Se rocían lluvias de pétalos de flores, humaredas de incienso, por ahí el desmayo de una mujer y manos ágiles que hallan billeteras en bolsillos ajenos.

Cuenta la historia que por el año 1651, reinaba el Papado de Inocencio X. En el Perú gobernaban el Virrey García Sarmiento de Sotomayor, y como Arzobispo de Lima, Pedro de Villagómez. Los negros angolas se agremiaron y levantaron el local de su cofradía en la zona de Pachacamilla, en las afueras de Lima. En una de sus paredes de adobe del galpón, un esclavo angoleño negro llamado, según se cree, Benito o Pedro Dalcón, plasmó la imagen de Cristo crucificado. La imagen fue pintada al temple en una pared tosca, cerca de una acequia de regadío, de un acabado imperfecto, además hay que resaltar que el anónimo pintor no tuvo estudios completos de pintura, y que ejecutó la obra por su propia devoción a Cristo.

Según la historiadora María Rostworowski, la adoración al Señor de los Milagros nació gracias al dios inca Pachacámac. Existe mucha similitud entre los mitos de Pachacámac y el ‘Cristo Morado’. Este dios inca era considerado como el protector de los temblores y terremotos. Al diluirse la población nativa en la costa, se “cristianizó” esta tradición. Los hábitos son de color morado, ya que al lado de la capilla del Señor de los Milagros se le dio un espacio a una congregación de nazarenas. Las religiosas usaban túnicas moradas, y sin que nadie se lo solicitase, decidieron cuidar la imagen del ‘Cristo Morado’. Por eso, también se le llama ‘Señor de las Nazarenas’.

La tradición de comer turrón de Doña Pepa en el mes de octubre nació por Josefa Marmanillo. Ella fue una esclava cocinera del siglo XVIII que sufría de parálisis en los brazos. Al escuchar los rumores del ‘Cristo de Pachacamilla’ decidió ser una devota. Pasó el tiempo, ella se recuperó y en agradecimiento, preparó este rico dulce para los fieles en cada salida del ‘Cristo Morado’.

Hace 326 años fue la primera procesión del Señor de los Milagros, en 1687. Fue realizada en una tarde del 20 de octubre luego de dos terremotos de 8.5 grados y un maremoto. Decidieron realizarla ese mismo día, debido a que varias veces la imagen del ‘Señor de los Temblores’ había sobrevivido terremotos y querían su protección. La procesión del Señor de los Milagros es considerada una de las más grandes del mundo. Esta manifestación católica tiene una asistencia de más de 40 mil personas cada año. En 2005, el Vaticano designó nombrar al Señor de los Milagros como Patrón de los Peruanos Residentes e Inmigrantes por su gran popularidad.

Cae la noche. Luces amarillentas maquillan la oscuridad de esta gris ciudad. El gigante morado anda sin prisa, a paso lento y seguro, como si quisiera distinguir los rostros de cada uno de sus fieles. Avancen, avancen hermanos... La ciudad huela a sahumerio, turrón de miel, anticuchos y Aromas de fe.

Jafet Aguado Montalvo