DOMINGO 4° DEL TIEMPO ORDINARIO (Mt, 5,1-12.)
Las Bienaventuranzas: un proyecto de felicidad contrapuesto al que nos ofrece el mundo.
Empezamos hoy a leer en el evangelio del domingo lo que se conoce como el Sermón de la montaña uno de los grandes sermones que aparecen en el evangelio de San Mateo. El Sermón de la montaña abarca tres capítulos, cinco, seis y siete. Hoy leemos el comienzo de este largo discurso de Jesús, las bienaventuranzas, y los próximos domingos iremos viendo otras partes de él como son: la sal y la luz, el amor a los enemigos, el dinero etc. Sería bueno que leyéramos en estos días los tres capítulos juntos para comprender mejor todo el contexto de las bienaventuranzas. Descubriremos que en el comienzo del evangelio de hoy, el comienzo del discurso, en el principio del capítulo quinto, Mateo dice que “al ver Jesús a la muchedumbre, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándoles”. Cuando lleguemos al final del sermón, final del capítulo 7, los versículos 28 y 29, veremos que Mateo al terminar el Sermón de Jesús dice “Cuando Jesús terminó su discurso, la multitud estaba asombrada de su enseñanza; porque les enseñaba con autoridad, no como los letrados”. Quedan sorprendidos con la autoridad con que Jesús les habla, no estaban acostumbrados a eso, a que alguien les hablara no de oídas sino de algo que el mismo vivía. No algo que había aprendido de memoria como los escribas, los especialistas en la ley judía, sino que lo que les dice es lo que él vive. Desde ahí hay que comprender las Bienaventuranzas: Jesús es el primer bienaventurado, el pobre de espíritu, el sufrido, el que llora, misericordioso que a pesar de ello es feliz y nos quiere presentar ese camino para llegar a la felicidad plena.

Las bienaventuranzas no se pueden leer en clave racionalista pues entonces serían una estupidez. Las pautas para la felicidad que Jesús presenta, vistas racionalmente, parecen todo lo contrario. Practicarlas sería un camino seguro para no llegar nunca a la felicidad. Racionalmente no pueden ser felices los pobres sino los ricos, los que lloran sino los que ríen, los perseguidos y calumniados sino los alabados. Pero es que la lógica de Jesús, la lógica del evangelio va mucho más allá de lo racional. Tampoco se puede hacer una interpretación espiritualista de las bienaventuranzas como en alguna ocasión se ha hecho diciendo que los pobres, los que lloran, los perseguidos, los que son insultados y calumniados, tienen que resignarse a ello en esta vida porque serán compensados con la felicidad en la otra vida. Esta interpretación va contra la mentalidad de Jesús que ofrece una salvación ya para esta vida. Esta interpretación ha llevado en algunos casos a justificar la explotación y el abuso de los ricos y poderosos a los más pobres y también a la sumisión de los pobres aceptando su situación como querida por Dios. Nada más lejos esta interpretación del mensaje que Jesús nos quiere transmitir con las bienaventuranzas. Otra interpretación errónea de las bienaventuranzas ha sido la sociológica. Según esta interpretación los pobres, los hambrientos, los oprimidos, los perseguidos son, por el mero hecho de serlo, los destinatarios del Reino quedando excluidos los ricos. El reino no se hereda por ser pobre y se excluye por ser rico sino por la actitud ante las riquezas, las cosas materiales, los sufrimientos, los padecimientos, sean ricos o pobres. La clave más auténtica para comprender las bienaventuranzas es la vida, el ejemplo y la conducta de Jesús. Como decíamos al principio, Jesús fue el primer bienaventurado porque fue pobre de espíritu, lloro con los que lloran, fue misericordioso, trabajo por la paz y la reconciliación, fue insultado, calumniado y perseguido y a pesar de ello fue feliz y por eso invita a vivir lo que él ha vivido. El discípulo tiene que seguir la conducta, el ejemplo, la vida del maestro para ser feliz aunque eso implique ir por el camino más difícil.
Las bienaventuranzas son la norma suprema de conducta para el cristiano, la carta magna para el discípulo de Cristo porque expone las actitudes personales que van a dar la credibilidad a su mensaje. Lo que identifica al seguidor de Jesús no son por tanto gestos externos sino las actitudes internas que autentifican esos gestos y actos externos. El evangelio solo se difunde desde actitudes evangélicas sobre todo en esta sociedad secularizada es fundamental el espíritu que inspira la actuación de la iglesia en este mundo. Por eso la iglesia será dichosa, feliz, si es pobre de espíritu y corazón sencillo que actúa sin prepotencia ni arrogancia, sin riquezas ni esplendor. La iglesia será dichosa si llora con los que lloran, si sufre al ser despojada de privilegios y poder pues podrá compartir mejor la suerte de los perdedores y el destino de Jesús. Dichosa será la iglesia que renuncia a imponer por la fuerza y practica la mansedumbre de su maestro. Dichosa es la iglesia que tiene hambre y sed de justicia trabajando por una vida más justa y digna para todos empezando por los últimos. Dichosa será la iglesia si es compasiva, si prefiere la miseria, si acoge a los pecadores y renuncia al rigorismo. Dichosa la iglesia de corazón limpio que no encubre sus pecados ni promueve el secretismo y la ambigüedad sino que camina en la verdad de Jesús. Dichosa la iglesia que trabaja por la paz, que contagia la paz de Jesús, siembra concordia, que anima corazones. Dichosa la iglesia que sufre hostilidad y persecución pues sabrá llorar con las víctimas y conocerá la cruz de Jesús. La sociedad actual necesita conocer comunidades cristianas marcadas por este espíritu de las bienaventuranzas. Solo una iglesia evangélica tiene autoridad y credibilidad para mostrar el rostro de Jesús a los hombres y mujeres de hoy.
El domingo pasado hemos tenido la asamblea parroquial de nuestra cuasi parroquia Santa María Reina para evaluar el año 2016 y programar el 2017. El Plan pastoral diocesano 2017 nos anima a “caminar juntos para evangelizar hoy” dando testimonio del mensaje de Jesús en nuestra realidad, concreta de Lima Sur, viviendo la comunión en clave de comunión eclesial y misión. Eso lo hemos plasmado en un sencillo plan pastoral parroquial para vivir la comunión como experiencia de corresponsabilidad con la participación protagónica de los jóvenes como nos pide el Papa Francisco en este año en el que el Sínodo de los obispos estará destinado a los jóvenes. Hemos reflexionado sobre la marcha de nuestra parroquia en la formación, el anuncio y la catequesis, en la vida litúrgica, los sacramentos y la oración, en la pastoral social, la caridad y la justicia, en nuestra vida fraterna, de comunión para seguir construyendo nuestra joven parroquia siendo una comunidad evangelizadora que sale a todas las periferias geográficas que tenemos en los cerros, que son muchas, así como a las periferias existenciales, que también son muchas. El espíritu de las bienaventuranzas nos anima a ser una parroquia más evangélica para ser creíbles y mostrar el rostro de Cristo a los hombres, mujeres, jóvenes y niños del Paraíso