III DOMINGO DE CUARESMA

Seamos cristianos que escuchan a Jesús

Hermanos y hermanas:

En este tercer domingo de Cuaresma tenemos una de las escenas más bellas de San Juan (Jn 4, 5-42): Jesús y la samaritana sedienta de agua viva. Jesús, venciendo todos los prejuicios, en el pozo de Jacob, en un diálogo marcado por la sinceridad, el respeto y la ternura le devuelve a la samaritana la esperanza. Ella descubrirá que sólo Cristo, el Agua Viva, puede calmar la sed de su corazón que otros amores pasajeros no pudieron: “Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed.”

A partir de este mensaje, podemos preguntarnos en esta cuaresma: ¿qué sed tenemos?; ¿en qué pozos estamos buscando saciar nuestra sed de felicidad?

En una sociedad de consumo, quizás estamos buscando apagar nuestra sed en los pozos de los supermercados, en las cosas superficiales y pasajeras que nos ofrecen las publicidades. Las demasiadas cosas que podamos tener no pueden apagar nuestra sed de inmensidad.

A pesar de que sentimos que tenemos todo para ser felices, sentimos, también, que siempre nos falta algo para ser realmente felices. La samaritana buscó la felicidad en sus aventuras pasajeras y no la encontró. Sólo cuando descubre quién es Jesús encontrará el “agua viva” que apagará su sed: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed.”

En este mundo, donde andamos sedientos de pozos en pozos, con más y más deseos y necesidades, Jesús nos ofrece el agua viva que calma nuestra ansiedad de felicidad, nuestra sed de Dios. Sólo Cristo puede apagar nuestra sed. Como la samaritana pidámosle con humildad y confianza: “Señor, dame de esa agua.” Y, con alegría, bebamos el Agua Viva en el pozo de nuestra Iglesia.