II DOMINGO DE CUARESMA

transfiguración, anticipo de la resurrección. No hay gloria sin cruz ni cruz sin gloria

Estamos ya en el segundo domingo del tiempo de cuaresma, este camino hacia la Pascua, la fiesta central de los cristianos, la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Si en el primer domingo Jesús se va al desierto, en este segundo se va a la montaña. Igual que el desierto, la montaña tiene un rico contenido bíblico. En la montaña tiene lugar el encuentro de Dios con los grandes personajes de la Historia de la Salvación: Abraham, Moisés, Elías. La montaña también simboliza un camino de esfuerzo, de sacrificio, para llegar a la cima de donde no hay que perder la mirada para no desanimarse en el camino que se va poniendo cada vez más difícil según se va ascendiendo. Es reflejo de que todo lo que merece la pena en la vida no se consigue sin esfuerzo y sin sacrificio y de que cuando hay cansancio por la dificultad del camino, hay que mirar hacia la meta, hacia aquello a lo que queremos aspirar para animarnos y no abandonar el camino. El contexto de esta lectura de hoy nos lo da el capítulo anterior a este que leemos hoy, el 17, donde Jesús anuncia que tiene que ir a Jerusalén donde tendrá lugar su pasión, muerte y resurrección. Jesús ha pasado las tentaciones del desierto, las tentaciones mesiánicas, la tentación de ser el mesías que la gente espera, un Mesías triunfante que va a organizar un ejército para echar a los romanos; o el Mesías que el Padre quería, un Mesías sufriente que nos va a salvar desde la Cruz y la muerte. Para los apóstoles esto es un fracaso y por eso no lo entienden.

Pedro incluso se atreve a decirle a Jesús que no va a consentir que eso suceda y Jesús tiene palabras duras para él, las mismas que había dirigido al diablo en las tentaciones del desierto: “quítate de mí vista, satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios”. Por eso Jesús quiere llevarse a los tres apóstoles que son los líderes del grupo: Pedro, Santiago y Juan, para fortalecerlos, animarlos, convencerlos de que deben seguir el camino a Jerusalén, mostrándoles el final del camino que no es la cruz y la muerte sino la gloria y la resurrección. Eso es lo que intenta comunicarle con el episodio de la Transfiguración.

La transfiguración tiene lugar en el Monte Tabor, la única zona elevada de una zona llana sin apenas montaña. No es monte muy alto pero si de un gran desnivel que implica un gran esfuerzo para subir hasta él andando. La transfiguración es el anticipo de la resurrección. Mateo describe que Jesús aparece con un rostro resplandeciente, vestido de blanco, irradiando luz, igual que se describirá luego la aparición de Jesús tras la resurrección. Jesús quiere hacerles ver que el esfuerzo y el sacrificio que supone ir a Jerusalén, donde le espera la pasión y la muerte, merece la pena porque al final todo va a terminar bien. No va a triunfar la muerte sino la vida. No va a triunfar el odio sino el amor. No es un fracaso sino un triunfo. La cruz es el camino obligado para llegar a la gloria. Jesús va reinar desde la cruz.

San Mateo señala que se les aparecieron Moisés y Elías que conversan con Jesús. Son los dos grandes personajes del pueblo de Israel. Moisés representa la ley y la alianza que se establece entre Dios y el pueblo tras la liberación de la esclavitud de Egipto. Elías es el primero de los grandes profetas del prepararon la venida del Mesías. Junto al anuncio de las profecías mesiánicas, denuncian todo lo que puede impedir la misión del Mesías: injusticia, opresión, violencia, falsedad en el culto. Con ello Mateo quiere hacer ver la continuidad de entre el Antiguo Testamento y su mensaje con Jesús. Todo ha sido una preparación para la venida del Mesías. En Jesús se cumple la ley y los profetas.

A la presencia de Elías y Moisés que quiere darle autoridad al camino de Jesús desde el A.T., se va añadir la presencia de una nube y una voz que surge de ella, la voz del Padre. La nube tiene un gran simbolismo en la biblia pues guio al pueblo de Israel en el desierto tras la salida de Egipto. La nube es el símbolo de la presencia de Dios que acompaña a su pueblo. La voz del Padre que surge de la nube: “este es mi Hijo, el amado, mi predilecto, Escúchenlo” viene a reforzar la presencia de Moisés y Elías para dejar claro que Jesús es el enviado del Padre y que su misión la va realizar desde un mesianismo sufriente donde la gloria tiene que pasar por la cruz, el triunfo va a venir desde el fracaso a los ojos humanos, donde la vida brotara de la muerte y por eso es necesario hacer el camino hasta Jerusalén.
Pedro no acaba de entender y quiere quedarse alli: “Señor que bien se está aquí. Si quieres haré tres carpas”. Es la tentación de llegar a la gloria sin la cruz, al triunfo sin el fracaso, al éxito sin el esfuerzo, a la resurrección sin la muerte. La tentación de lo fácil, de huir de todo esfuerzo, de todo sacrificio. Pero la vida nos dice que todo lo que merece la pena no se consigue sin esfuerzo y sin sacrificio. Eso los saben los padres que tienen que sacrificarse por sacar sus hijos adelante, un estudiante para culminar una carrera, un deportista que tiene esforzarse para conseguir el éxito, un músico que necesita practicar mucho para llegar a dominar un instrumento.
La tentación de Pedro de quedarse allí donde esta seguro, donde todo es paz y felicidad, donde estamos como en una burbuja protegidos de los problemas y las dificultades del mundo, es la tentación de la iglesia y de los seguidores de Cristo de hoy y de siempre. La sociedad de hoy no nos lo pone fácil y queremos quedarnos tranquilos en la sacristía, en nuestro mundo y no salir a la calle a proclamar el Reino de Dios. Tenemos miedo a contaminarnos, a sufrir molestias y problemas. Pero el Papa Francisco nos lo dice muy claro: “ prefiero una iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”.

Las últimas semanas estamos asistiendo en Perú a un debate sobre la presencia de la ideología de género en El Currículo Nacional de Educación Básica del ministerio de Educación. Desde la plataforma: “Con mis hijos no te metas” se pide la retirada de la ideología de género del currículo. Desde el gobierno y otros sectores se niega la presencia de esta ideología en el Currículo. Sin entrar en a discutir quien tiene razón en este debate lo que es grave es la radicalización de algunas posturas que se han plasmado en una gran manifestación que lejos de ser pacifica, ha desatado los instintos de odio, violencia, intransigencia y homofobia muy lejanos al mensaje respeto al diferente y amor misericordioso que nos enseña el evangelio de Jesús. Que sectores de la iglesia evangélica del Perú y también en algún caso de la iglesia católica, estén derivando en estas posturas nada evangélicas es muy preocupante para la imagen de los seguidores de Jesús de Nazaret. La llamada del Papa Francisco a construir puentes y no muros, a ser dialogantes, respetuosos, misericordiosos es la única postura realmente evangélica de los discípulos de Jesús y por eso es urgente que surja una tercera vía que se ponga en medio, arriesgándose a recibir bofetadas de los dos lados, para solucionar este grave problema que ha derivado en odio entre hermanos y que hay que parar si queremos el bien para el Perú, para los niños a los que se dice defender y para que los cristianos sigamos siendo referentes morales en la sociedad peruana.