DOMINGO 2° DEL TIEMPO DE ADVIENTO Mc 1, 1-8
PREPARAR EL CAMINO AL SEÑOR. CAMBIAR EL CORAZÓN Y LAS ESTRUCTURAS DE PECADO DE NUESTRO MUNDO.
Estamos ya en el segundo domingo de adviento, el segundo paso en el camino hacia la Navidad. Encendemos una segunda vela en la corona de adviento que es el signo central de este tiempo de penitencia, de preparación. El término adviento viene del latín “adventus” que significa venida. Era el término que se utilizaba para preparar la venida de alguien importante y que en la Iglesia empleamos para preparar la venida de Jesús en Navidad, cuando celebramos que Jesús vino, viene y vendrá. Vino hace ya más de dos mil años y vendrá al final de los tiempos como nos prometió al irse. Entre ambas venidas se sitúa el tiempo de la Iglesia que celebra cada año la venida de Cristo a nuestros corazones y nuestro mundo recordando la primera venida en Belén y preparándonos para la segunda venida en la parusía.
Los grandes personajes del adviento son los profetas, Isaías y Juan el Bautista, y María. Hoy aparecen estos dos profetas: Isaías, el de las profecías mesiánicas y Juan el Bautista, el precursor, la voz que grita en el desierto invitando a preparar el camino al Señor como había profetizado Isaías. Juan el Bautista nos invita a la penitencia y al cambio de vida para poder recibir en el alma, ya purificada y limpia, al Salvador.
Hoy leemos el comienzo del evangelio de Marcos. El evangelista Marcos da inicio a su evangelio con las palabras: “Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Este título general encabeza el relato de Marcos, que leeremos este ciclo B, y es la síntesis intencional del mismo. El Evangelio no es un “libro”, sino una persona, el mismo Jesús, pues Él es la buena nueva de la salvación de Dios para el hombre. Marcos es el único de los cuatro evangelistas que abre su narración con la predicación del Bautista en el desierto. Es una presentación breve del precursor para dar paso inmediatamente a la misión de Jesús pasando por alto, a diferencia de los evangelistas Mateo y Lucas, su nacimiento e infancia, pasándose directamente a presentarnos un Jesús adulto que se va a bautizar al Jordán.
El evangelio de Marcos presenta a Juan el Bautista como aquel en quien se cumplen las profecías mesiánicas del profeta Isaías. El Bautista es el mensajero que el Mesías envía delante de él; la voz que brota en el desierto invitando a preparar el camino al Señor. Siguiendo a Isaías también presenta esta preparación para la venida del Mesías con la imagen de la construcción de una carretera que implica abajar cerros y colinas y levantar los valles para allanar los senderos. Ese es el objetivo del adviento, allanar nuestro corazón y nuestro mundo para que Jesús siga naciendo hoy y aquí.
Juan el Bautista predicaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Los que sentían esta necesidad de conversión acudían al Jordán donde estaba Juan bautizando. El bautista pregona a orillas del río Jordán la conversión absoluta que consiste en un cambio radical de mentalidad y actitudes interiores, y que se traduce en una nueva conducta moral según el estado y profesión de cada uno. El bautismo es el rito que representa y sella la reconciliación. Por tanto es un bautismo penitencial y no tiene nada que ver con el bautismo cristiano. Eso lo deja bien claro el Bautista cuando dice que él bautiza con agua pero el Mesías bautizará con Espíritu Santo.
Marcos hace una presentación del Bautista como la de un hombre que acompaña su predicación con el testimonio de una vida austera. Se viste y se alimenta con lo que hay en el desierto. Esa austeridad, sencillez y pobreza hace creíble la conversión que anuncia y por eso dice Marcos que acudía gente de Jerusalén y de toda Judea atraídos por un profeta auténtico, en línea con los grandes profetas de Israel que hacía tiempo ya no se veían. El estilo de vida es fundamental en los discípulos y misioneros de Cristo, pues si las palabras no van acompañadas de un testimonio de vida no son creíbles. Una Iglesia pobre y para los pobres como nos dice el Papa Francisco, implica austeridad en la vida personal del evangelizador y de toda la comunidad eclesial.
La Iglesia y cada uno de los discípulos misioneros estamos llamados a preparar el camino donde tiene que seguir naciendo el Señor: nuestros corazones, nuestras familias, nuestras comunidades cristianas, nuestras calles y ambientes. Primero cada uno tiene que preparar su corazón, convertirse, para que Jesús nazca en él. Pero no basta con la preparación personal, también hay que preocuparnos de la conversión de los que están a nuestro lado. Por eso este segundo domingo de adviento tiene una clara dimensión misionera. La invitación del Bautista a preparar el camino al Señor es una llamada a no conformarnos con la conversión personal y salir hacia el otro para que también se convierta. Cuando nos acercamos a los más necesitados, a los pobres y a los enfermos, a los más débiles de nuestras familias y de nuestra sociedad, en definitiva, a los que más necesitan ser consolados, entonces hacemos del Adviento un sendero de esperanza, un camino amplio por el que circula el amor de Dios, que llega a todos. Tenemos que preparar nuestro mundo para que Jesús nazca también en él.
Más aún, no basta con la conversión interior y el acercamiento a las personas para invitarlas a la conversión. Nuestra palabra y comportamiento tienen que sumarse, con valentía y fuerza, a la palabra de Isaías y de Juan el Bautista para transformar la aridez del desierto de nuestro mundo y hacer realidad el cielo nuevo y la tierra nueva donde habite la justicia, la paz, el amor, la fraternidad, la vida combatiendo la injustica, violencia, corrupción, maldad y muerte que hay en nuestro mundo. Es necesario transformar las estructuras de pecado que hay en nuestro mundo denunciándolas con valentía y haciendo lo que esté en nuestras manos para cambiarlas.
En estos días hemos asistido a la intervención judicial de la municipalidad de Villa María del Triunfo, en el cono sur de Lima, uno de los distritos más pobres de Lima, donde una gran mayoría de sus cerca de quinientos mil habitantes vive en los cerros abandonados totalmente por las autoridades. La corrupción en el seno de la municipalidad de Villa María no es algo nuevo, ya se viene hablando de ello desde hace años con otros alcaldes. Pero en los últimos años ha ido aumentando la percepción de los vecinos sobre una corrupción generalizada en el interior de la municipalidad, aumentando en la medida que iban disminuyendo las atenciones a los vecinos: el problema de la basura ha ido en aumento, las pistas y veredas abandonadas, las zonas verdes sin cuidar o peor aún invadidas y apropiándose de ellas para cocheras o incluso para viviendas. Pero lo que no se sospechaba es que hubiera una banda criminal organizada, “los topos de Villa María”, dirigida por el hermano del alcalde, que funcionaba dentro de la municipalidad, aprovechándose de las infraestructuras municipales, para extorsionar a los vecinos, sobre todo a los que tienen pequeños negocios. Tenían hasta sus “topos” en el poder judicial que les iban informando del estado de las investigaciones. La policía con el ministerio público han hecho una gran labor de investigación que culminó en la petición de la fiscalía de intervenir la municipalidad y detener a más de veinte personas. Pero como siempre, hay algún fallo en el camino de la justicia. Unas veces falla la policía, otras el fiscal y si no fallan como en este caso quien falla es el juez. En este caso la jueza ha detenido la intervención más de una semana dándoles tiempo a sacar papeles de la municipalidad. Además solo ha dado orden de detención a apenas la mitad de los pedidos por el fiscal, dejando libre entre ellos al alcalde, aludiendo que no sabía nada de lo que pasaba, algo que nadie se lo cree.
Los Villamarianos no podemos quedarnos como meros espectadores ante esta corrupción generalizada en nuestro municipio pues esto incrementa la falta de condiciones dignas de vida de miles de familias de nuestro distrito. Tenemos que levantar la voz para que se haga realmente justicia, que todos los delincuentes vayan a la cárcel, empezando por el cínico alcalde que dice que él no sabía nada y la jueza que no ha hecho bien su trabajo. Pero sobre todo los que tenemos más responsabilidades y posibilidades de conectar con los villamarianos, tenemos que comprometernos en formar la conciencia de los vecinos para que en las próximas elecciones no voten de nuevo por corruptos que se llenan los bolsillos a costa de los más pobres. Yo por lo menos voy a poner todo lo que esté a mi alcance y espero que toda la Iglesia de Lima Sur que camina en Villa María del Triunfo hagamos lo mismo.