HOY, EL BIEN QUE FALTA ES EL AGUA


“Hoy, el bien que falta es el agua. Aún no es una situación dramática en el mundo desarrollado. Todavía se obra el milagro por el que mana de nuestros grifos una cascada sinfín, en cualquier momento y con un leve giro de muñeca. Un espejismo frente al que no se están tomando las medidas necesarias. El 70% del planeta está cubierto de agua y solo el 0,5% es apta para consumo. En apenas una década llegaremos a los 8.000 millones de habitantes, y mientras tanto los cauces de los ríos se secan o se degradan por el avance imparable de la contaminación. Los países más pobres suelen ser víctimas de la actividad industrial de los más ricos: casi mil millones de personas no tienen, a día de hoy, acceso a agua potable; más de una décima parte de la población mundial. Según datos de Acción Contra el Hambre, en Siria, más de la mitad de la red de agua ha sido destruida o dañada por las partes en conflicto. En Yemen, la población sin acceso a agua segura ha pasado del 40 al 70 por ciento desde el inicio de la guerra. En Líbano, con 1.100.000 millón de refugiados, la demanda de agua ha aumentado un 30% desde 2011”.

Así se expresa la página web de ETHIC, tenida como seria. O lo que es lo mismo: varias de las actuales guerras han tenido ya, en su origen como causa el agua, bien sea por sequías, emigraciones masivas etc. Pero lo que se pronostica es que las futuras guerras en el mundo ya no serán por el petróleo sino por el agua.

Perú es el octavo país con mayor reserva de agua del mundo y, sin embargo, 1 de cada 3 peruanos carece de agua potable. Lo escuché hoy en Radio Programas del Perú, cadena radial nada alarmista, por cierto. Y lo conozco de primera mano: en la mayoría de los Asentamientos Humanos surgidos de 10 años para acá en los cerros de Lima Sur o no existen las instalaciones de agua potable o, si existen, el agua está restringida a muy pocas horas al día. Así de simple: las filas de cilindros al borde del camino, esperando una cuba con agua -¿potable? ¡eso es un sueño!- son la mejor prueba de lo que digo. Por supuesto, además hay que hervirla, con lo que resulta mucho más cara que en las mejores urbanizaciones de la ciudad.

Está claro que el Día Mundial del Agua no nos invita a pensar ni en saunas y yacusis, ni en piscinas, ni en carnavales… sino en quienes no pueden disfrutar de ella para beber o asearse, algo que es derecho elemental de todos los habitantes del planeta.

P. José M. Rojo García