DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO Mt 25, 1-13
LA PARÁBOLA DE LAS DIEZ JÓVENES... ANUNCIO Y MISTERIO DEL REINO DE DIOS.
Estamos terminando el año litúrgico, solo nos queda el domingo XXXIII y la festividad de Cristo Rey del Universo con la que concluye este año para empezar otro año litúrgico con el primer domingo de adviento. En estos tres últimos domingos leemos tres parábolas de San Mateo conocidas como las parábolas de la vigilancia o de la parusía (segunda venida de Cristo al final de los tiempos). Las tres tienen un significado común si bien con algunas variantes: No sabemos ni el día ni la hora en que el Señor regresará por segunda vez al final de los tiempos, pero para cada uno será el momento en que Dios nos llame a encontrarnos con él, y por eso debemos estar vigilantes, despiertos, preparados para poder pasar al banquete del Reino de los cielos.
La parábola de las diez jóvenes está tomada de una práctica habitual en la sociedad judía. Cuando una pareja se iba a casar el novio acudía a la casa de la novia a recogerla y llevarla a su casa donde tenía lugar el matrimonio y el banquete. Acompañaban a la novia sus amigas. No sabían exactamente a qué hora iba el novio de noche a recoger a la novia y por eso las amigas debían estar vigilantes, con las lámparas encendidas y con aceite de reserva por si tardaba en llegar para que no se les apagaran las lámparas.
El protagonista principal, en contra de lo que sugiere una lectura superficial de la parábola, no son las diez muchachas divididas por igual en dos grupos: necias o descuidadas y sensatas o previsoras. Como todas las parábolas, ésta también se refiere al anuncio y misterio del Reino de Dios, inaugurado por Jesús. El protagonista es el novio que se retrasa en llegar. El símil comparativo del Reino no es las diez doncellas sino el banquete de bodas, en que naturalmente tienen su papel señalado las muchachas que acompañan a la novia durante la espera del novio. Las sensatas o previsoras entrarían en el banquete de bodas al estar con sus lámparas encendidas cuando llegó el novio mientras que las necias o descuidadas no entrarán al no estar preparadas para acompañar al novio cuando éste llegó y no las encontró.
Aunque una parábola no es una mera alegoría para buscar significado a cada detalle, sino que la lección global y única se deduce del conjunto, sí se puede hacer una identificación en el reparto de papeles. El banquete de bodas es el Reino de Dios. El novio, cuya venida se espera, es Cristo. El retraso del novio es la demora de la Parusía, la segunda venida de Cristo al final de los tiempos. Las diez muchachas son la comunidad que vive entre la primera venida de Cristo y la parusía. La llegada repentina a media noche es la hora imprevisible del Señor. La admisión o rechazo de las muchachas es la sentencia favorable o desfavorable en el juicio final.
La parábola concluye con la moraleja: Por tanto, velad porque no saben ni el día ni la hora. Es una llamada a estar vigilantes, a la espera activa, al esfuerzo personal continuado, no a la pasividad sino al compromiso personal y comunitario. Esta conclusión sobre la vigilancia es un toque de alerta ante el juicio último que acompañará a la segunda venida de Cristo en la parusía. El aparente egoísmo y falta de compañerismo de las jóvenes que tienen provisión de aceite y no quieren compartir con las compañeras y el rechazo inflexible del novio que no abre la puerta a las impuntuales, trata de destacar una responsabilidad personal que no es sustituible por nadie. Es precisamente esa falta de preparación la causa de la exclusión del banquete. La lámpara bien abastecida es el signo de la previsión y vigilancia. Estas son cualidades interiores del espíritu; se tienen o se carece de ellas, pero no se pueden compartir o prestar.
Hay fallos de previsión y vigilancia que son irreparables. Nadie puede suplir el fallo de un centinela, un piloto o un conductor. Algo sucede con la fe y la respuesta personal a Dios, vienen a decir esos detalles de la parábola. Es insustituible, pues, el compromiso personal de la vigilancia. Hay que estar preparados, hoy más que nunca porque el final puede estar a la vuelta de la esquina. Las jóvenes descuidadas representan a los católicos que tienen una fe gastada, que no se renueva con el aceite del contacto vivo con Jesús. Por eso hay que cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en la persona de Jesús y no gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio.
Tenemos, pues, que tener las lámparas encendidas, el alma en gracia, viva la fe, despierta la esperanza y ardiente la caridad para poder entrar en la sala del banquete del Reino de los cielos. El que tenga la lámpara sin aceite, el corazón seco y frío, se quedará fuera. Hay que vigilar, estar alerta, vivir preparados siempre en gracia de Dios. No descuidarnos, no andar jugando. El encuentro con el novio, Cristo, lo tendrá quien posea el aceite que lleva a vivir la cotidianidad del amor con el prójimo. Es la invitación a la inversión en el amor y así la vida será una luz permanente. Es el optar por el Señor con la palabra, con la vida y con las obras. ¡Cada uno en libertad decide!
En estos momentos en que muchos de los vecinos del Paraíso están sufriendo amenazas por defender las pocas áreas verdes que nos quedan yo no podía quedarme callado ante una injusticia que clama al cielo. Una persona que había pertenecido a la junta vecinal del asentamiento Fortaleza del Paraíso, ha estado manipulando papeles y planos de tal manera que ha presentado un terreno que durante muchos años ha sido una zona verde, con plantas y árboles plantados por los vecinos, como propiedad de una asociación que ella ha formado. Entonces envía delincuentes a tomar posesión del terreno levantando edificaciones precarias con la excusa de que son gente que necesita una casa para vivir y ella se lo está proporcionando. Una mentira burda pues todo el mundo sabe que son delincuentes que nunca van a vivir ahí sino que van a reservar el terreno para que esta señora trafique con él y lo vaya vendiendo a precios inaccesibles para gente humilde.
Pero más increíble es que, cuando los vecinos denuncian ante la municipalidad de Villa María del Triunfo y ante la policía lo que está haciendo esta señora, les contesten que ella tiene todo legalizado, que son ellos los que quieren invadir una propiedad privada y que van a proteger a esta mujer y a los delincuentes que están allá. Increíble pero cierto. Incluso han puesto denuncias en la fiscalía. Todo el mundo sabe que todo es una patraña y los documentos son falsos pero la policía de esta zona, la más corrupta de Lima, los funcionarios de la municipalidad de Villa María, donde el grado de corrupción no conoce límites, y hasta los mismos fiscales, se han dejado corromper por esta señora apoyándola en la usurpación de una zona verde desde hace más de diez años, cuando se creó el asentamiento humano de Fortaleza del Paraíso. Muchos vecinos han sido amenazados de muerte y otros han sido golpeados y heridos por los delincuentes que están allá. Yo no he podido quedarme callado ante esta injusticia que clama al cielo y he levantado la voz denunciando proféticamente lo que está sucediendo. Esto ha molestado a esta gente, a estos delincuentes que no han dudado en venir a amenazarme si sigo denunciándolos. Les he dicho que desde mi fe en el Dios de la verdad, de la vida y la justicia, no puedo callarme y ser cómplice de esta mentira, de esta injusticia y de este atentado contra la vida de las personas y contra nuestra casa común, la madre tierra que grita, como nos dice el Papa Francisco, por el daño que le estamos causando. No sé cómo va a terminar todo pero tengo la conciencia tranquila que estoy haciendo lo que Dios me pide, compartir la suerte de mi pueblo, de los pequeños, de los débiles, de los pobres como Jesús de Nazaret y pongo mi vida en sus manos.