DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO Mt 22, 34-40

El amor en su doble vertiente: vertical, a Dios, y horizontal, al prójimo, es la esencia de la vida cristiana. No nos perdamos en lo accesorio y secundario.

Ya estamos en la recta final del tiempo ordinario. En unos domingos concluiremos el año litúrgico con la festividad de Cristo rey del universo para iniciar un nuevo año litúrgico con el primer domingo de adviento. En estos últimos domingos estamos viendo la reacción de los dirigentes judíos a las denuncias de hipocresía que Jesús les ha hecho a través de las distintas parábolas sobre el Reino. Jesús ha sido claro con sus denuncias y esto ha exasperado a escribas, fariseos, saduceos y demás autoridades religiosas judías que no pueden aceptar el deterioro de su imagen ante el pueblo porque eso les perjudica en sus intereses económicos y de poder. Por eso van a buscar por todos los medios desacreditar a Jesús y poder buscarle algún resquicio legal para acabar con él. El método que van a utilizar es el de las preguntas trampas. El domingo pasado leíamos la primera: ¿es lícito pagar el impuesto al César o no? Después sigue otra pregunta trampa de los saduceos, que no creen en la resurrección, sobre lo absurdo de esta creencia presentando un caso extremo. Y después viene la pregunta que leemos en el evangelio de este domingo: ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?

Los fariseos, que en principio no habían dado la cara y habían enviado emisarios que no fueron capaces de hacer caer en la trampa tendida a Jesús, que han visto cómo también los saduceos han sido callados por Jesús, ahora preparan mejor la estrategia contra Jesús llevando consigo a un experto en la ley. La pregunta ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?, es una pregunta con trampa, con mala intención. Las autoridades judías habían elaborado hasta 613 preceptos que todo buen judío tenía que cumplir y que, como denunciaba Jesús, imponían como un fardo pesado a la gente. Ante todos estos preceptos, que la gran mayoría del pueblo no conocía en su totalidad, las distintas escuelas de estudiosos de la ley discrepaban sobren cuáles eran los preceptos más importantes. Por eso al preguntarle por el más importante, por uno solo, creían estar seguros de que ahora sí pillaban a Jesús en una trampa, pues optar por uno implicaba minusvalorar al resto. Jesús aporta un principio de síntesis que unifica y equipara dos mandamientos que los especialistas de la ley entendían y explicaban como diferentes, separados y a distinto nivel: Dios y el prójimo.

La afirmación de Jesús es clara: el amor es todo, lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo fundamental es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda desvirtuado. Al hablar de amor Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón ni nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor nuestro Dios, con todo el corazón, es reconocer a Dios como fuente última de nuestra existencia que nos lleva a una adhesión total a su voluntad, a responder con una fe incondicional a su amor universal de Padre para todos. Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren, es una gran mentira. La única postura humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.

Como luego dirá San Juan en sus cartas, no podemos amar a Dios a quien no vemos si no amamos al prójimo al que vemos. Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso. El amor implica unir de forma inseparable las dos dimensiones: vertical y horizontal. La dimensión vertical es esencial en el mensaje evangélico. Si se prescinde del amor a Dios todo lo demás no sirve para nada. Pero al mismo tiempo hay que atender a la vertiente horizontal pues la proyección hacia el hombre complementa ese mensaje proclamado por Cristo y le da autenticidad a la dimensión vertical.

El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor, pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor. En este sentido la Iglesia, los distintos grupos y carismas que hay en ella, todos y cada uno de los discípulos de Cristo, tenemos que llegar a ser modelo para los demás por nuestra forma de acoger y de amar que excluya toda discriminación y luchar para que en la misma sociedad, en sus normas y valores, se busque conseguir lo mismo. Se trata de vivir como nos enseñó el maestro de Nazaret cuando todo lo integró en un único mandamiento: “Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros como yo los he amado. Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son mis discípulos”.

En estos días ha habido dos acontecimientos importantes, uno en Perú y otro en España que creo merecen alguna palabra de mi parte. En primer lugar se realizó el pasado domingo el censo nacional donde con un cuestionario amplio se quería tener información no solo de las viviendas y personas que hay en Perú sino también de la situación social, económica, de salud, educación de los peruanos en las diferentes zonas del país. Se utilizó como encuestadores sobre todo a jóvenes, tanto universitarios como incluso adolescentes del último año de secundaria, con apenas 15 años. El INEI (Instituto nacional de estadística e informática) reclutó a los voluntarios para realizar el censo con la promesa de darle una compensación de 50 soles, un certificado de participación, semi-becas de estudios e incluirlos en la bolsa de empleo del INEI. El censo se realizó con muchas críticas por la mala organización, quedando muchas zonas por censar y sobre todo por las agresiones que recibieron los voluntarios, en especial el caso de la violación de una encuestadora en una de las viviendas. Tras el censo los voluntarios han pasado un verdadero calvario por la lentitud a la hora recibir los 50 soles, haciendo largas colas incluso varios días para recibir una justa compensación por su trabajo. Además, de las otras promesas parece que no hay nada de realidad. Se ha utilizado a los jóvenes y adolescentes como mano de obra barata abusando de sus necesidades y eso es una vergüenza que hay que denunciar alto y claro para que nunca más se vuelva a cometer abusos de este tipo.

Lo otro ha sido lo sucedido en España donde la comunidad autónoma de Cataluña ha hecho una declaración de independencia a la que el gobierno Español ha respondido con la suspensión de la autonomía y la convocatoria de elecciones. Creo que no debería de haberse llegado a esta situación radical por una y otra parte sino que tenían que haberse buscado posturas de entendimiento dialogando y cediendo unos y otros para no llegar a esta situación tan dolorosa que rompe totalmente la convivencia dividiendo a los catalanes entre sí, con heridas que no sabemos cuándo van a cicatrizar, entre sí y con el resto de España. No soy partidario de la independencia pero creo que hubiera sido preferible haber pactado un referéndum legal como hizo Inglaterra en Escocia. La postura tan intransigente del gobierno de España creo que ha dado más alas al independentismo radicalizándose con actitudes más violentas e intransigentes. Por el contrario, la del diálogo poniendo las cartas sobre la mesa acerca de las consecuencias de la independencia en la campaña legal del referéndum hubiera resuelto la situación que ahora no sabemos cómo va a terminar.