DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO

No se puede servir a Dios y al dinero.

Estamos en el domingo 8° del tiempo ordinario y último de esta primera etapa del tiempo ordinario pues lo interrumpimos al empezar el tiempo de cuaresma el próximo miércoles con el miércoles de ceniza para retomarlo después de la semana santa y el tiempo pascual. El evangelio de este domingo prosigue la lectura del sermón de la montaña, que el evangelista Mateo narra en los capítulos cinco, seis y siete y donde Jesús proclama las actitudes básicas del discípulo para asimilar el nuevo talante del Reino de Dios. El pasaje de hoy es de gran belleza literaria en él Cristo define la actitud del cristiano ante el dinero y los bienes materiales. El pasaje evangélico se abre con un dilema o tesis de partida: “Nadie puede estar al servicio de dos amos… No podéis servir a Dios y al dinero”. Jesús nos dice algo evidente: es imposible el servicio satisfactorio a dos señores. El Dios de la bíblica es un Dios “celoso” que no admite rival y el dinero es otro Dios que se apodera del corazón del hombre y no admite tampoco ningún otro Dios. Jesús nos anima a ser valientes y tomar la decisión de servir al Señor solamente, abandonándonos en la providencia amorosa del Padre. Para convencernos de esta decisión se apoya en dos bellísimas imágenes de la naturaleza: si los pájaros y los lirios del campo son objeto del cuidado de Dios que provee gratuitamente a su subsistencia, cuanto más lo será el hombre que vale mucho más.

El dinero convertido en un ídolo es para Jesús el mayor enemigo para construir un mundo más digno, justo y solidario que Dios quiere. El culto al dinero es el mayor obstáculo que encontrará el hombre para progresar hacia la convivencia humana. En la sociedad capitalista el dinero es realmente un Dios al que las personas, las empresas y los estados quieren conquistar. Los discípulos de Cristo no podemos caer en esta idolatría del dinero. Para nosotros el dinero debe ser siempre un medio y no un fin. Necesitamos el dinero para vivir con dignidad pero eso no significa que tengamos que vivir esclavos de él. El dinero debe ser siempre solo un medio para vivir no un señor al que servir. Buscar el progreso material para asegurar un futuro mejor para la familia es también algo legítimo siempre que esto se consiga honradamente. El problema viene cuando el dinero se convierte en un fin. La sociedad consumista en la que estamos metidos identifica el ser persona con el tener bienes y cosas materiales. De esta manera el ser y el vivir quedan supeditados al tener y al gastar. Cuando nuestra actitud personal ante el dinero desplaza a éste de ser medio de subsistencia digna y humana (comida, vestido, vivienda, familia, educación…), para convertirlo en fin obsesivo de nuestra vida, hemos caído en la idolatría consumista. El dinero se ha convertido en un ídolo, en un tirano, en un amo que no admite al Dios autentico como rival. Por eso el dilema planteado por Jesús sigue en pie: No podemos servir a dos amos excluyentes como son Dios y el Dinero.

Jesús ante la idolatría del dinero hace una doble invitación a sus oyentes que sigue siendo válida para nosotros hoy: 1° “No se agobien por la vida, el alimento y el vestido”. 2° “Busquen sobre todo el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”. Hasta cuatro veces Jesús excluye a preocupación angustiosa por el sustento diario. No quiere decir Jesús que no hay que ocuparse y preocuparse por el sustento diario pero no agobiarse porque Dios sabe lo que necesitamos y si cuida de que no le falte de nada a los pájaros y a los lirios del campo con más motivo cuidara del ser humano. El ordenamiento de la vida basado en el dinero genera en la persona un estado angustioso de agobio que termina por aniquilarla. El afán de dinero, la ambición y la acumulación de riqueza seca el corazón. Vale más la persona que todos los dineros juntos. Si se pone el dinero en primer plano se acaba viviendo solo para ganar dinero, sin que nunca se gane suficiente. Por mucho que se gane se comienza a sacrificar cosas al dinero: el tiempo, la familia, los sentimientos, uno mismo. El dinero tiene una importancia relativa. Por encima de él se han de poner los valores del espíritu, la amistad, la honradez, la conciencia, el amor, Dios. Solo así alcanzaremos la paz y la felicidad. Jesús quiere liberarnos de la adicción desmesurada hacía el dinero y los bienes materiales y dirijamos la mirada a otro lado: “buscad el reino de Dios y su justicia”. Nos hace ver aquello que es prioritario para hacer realidad el proyecto que Dios tiene para todos nosotros: un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Eso tiene que ser nuestro proyecto y nuestro verdadero deseo para conseguirlo, con la confianza puesta en Dios y no andar agobiados por aquello que solo sacia nuestras preocupaciones inmediatas. Esa confianza en Dios no exime nuestra responsabilidad en las tareas temporales, ni nos permite desentendernos de nuestro compromiso cristiano en el mundo. Lo dice el refrán: A Dios rogando y con el mazo dando. La búsqueda del Reino no solo no excluye el desarrollo humano y temporal sino que lo está pidiendo. Desde el Génesis el hombre es el colaborador de la obra de Dios en el mundo, cuyos recursos tienen destinatario universal: toda persona de cualquier raza, color, lengua, credo, cultura y continente.

Ayer vino por la parroquia la señora Silvia una mujer que ha quedado muy disminuida físicamente en su espalda y sus piernas por las palizas de su esposo durante años. La señora Silvia tiene montones de denuncias de maltrato que no sirvieron para nada. Ella sola ha sacado a sus cuatro hijos adelante trabajando cuando puede vendiendo comida en la calle pero los dolores en las piernas y espalda hacen que muchas veces no pueda trabajar. Su hija mayor dejo sus estudios y se puso a trabajar para poder sacar adelante a su madre y hermanos pero ahora tiene su propia familia y ya no puede seguir ayudándola. Para colmo el esposo, que dice no tiene dinero para ayudarle en la manutención de los hijos, si tiene dinero para pagar abogados y le ha puesto una denuncia a ella por maltrato de los hijos y además quiere quitarle la casa que ella con ayuda de la parroquia, se ha ido haciendo poco a poco después de que su marido la abandonara. El sinvergüenza se ríe de ella diciéndole que tiene un buen abogado al que paga bien y lo invita constantemente a comer y le va a quitar todo porque ella no tiene dinero para un abogado y por más que lo está intentando no consigue un abogado de oficio. Me resisto a creer que no se pueda hacer nada, que el vil dinero sea el que mande en la justicia por encima de la verdad y los derechos de los más débiles. La llamada de Jesús “Buscad el Reino de Dios y su justicia” me interpela a no desentenderme ante esta injusticia que clama al cielo. ¿ Alguien conoce a un abogado honesto que sirva a Dios y al prójimo y no al vil dinero? Es urgente la señora Silvia tiene juicio el 16 de Marzo.