DOMINGO 5° DEL TIEMPO ORDINARIO
La letra mata, el espíritu da vida. De la literalidad de la ley al espíritu de la ley.
La primera antítesis que nos presenta el evangelio de Mateo en boca de Jesús es sobre el quinto mandamiento, no mataras: La afirmación de la vida humana y del derecho a la misma que defendía la ley de Moisés. Jesús condena no solo la privación de la vida física, sino incluso toda acción y sentimiento de malquerencia, porque ése es el sentido pleno de la ley escrita hasta el punto de establecer el amor al prójimo como condición previa para el culto auténtico a Dios, como base de la religión. Amor al hermano y amor a Dios van unidos inseparablemente de tal manera que para estar en orden con Dios hemos de estarlo primero con el prójimo. Por tanto no solo se atenta contra el quinto mandamiento matando físicamente sino también matando las ilusiones de los otros, menospreciando al prójimo, anulándolo, marginándolo, guardando rencor. Todo esto también es matar moral y espiritualmente, matar de pensamiento, de palabra, con la mirada, con los gestos.
La segunda antítesis es sobre el adulterio. Jesús afirma la plena fidelidad conyugal en el amor. Es inmoral no sólo el hecho consumado, sino también el deseo, el adulterio de corazón. El radicalismo de la enseñanza moral de Jesús queda patente por la exageración intencionada y consciente del ojo arrancado y de la mano arrancada como cómplices de los deseos del corazón.

La tercera antítesis es sobre el divorcio. Jesús afirma la indisolubilidad del vínculo matrimonial. Jesús restablece la ordenación del creador en el principio anulando la tolerancia de Moisés. Además Jesús establece la dignidad de la mujer y sus derechos en paridad con el varón que la tolerancia de Moisés había menoscabado dando todos los derechos al varón sobre la mujer mediante el libelo de repudio.
La cuarta antítesis es el perjurio. Afirmación de la verdad, sinceridad, honradez y lealtad. Jesús excluye para el cristiano no sólo el incumplimiento del juramento hecho a Dios, sino el mismo hecho de jurar por el cielo, la tierra, el templo de Jerusalén o la propia vida. Porque contra la mentira no hay más salvaguarda que vivir en la verdad y sinceridad de hermanos que se saben hijos de Dios.
Esta semana he participado, junto a tres catequistas de la parroquia, en la semana de formación de catequistas organizada por la Comisión Episcopal de Misión y Espiritualidad, de la conferencia episcopal peruana, y la editorial San Pablo. Han asistido catequistas, religiosas y sacerdotes de todos los rincones del Perú: costa, sierra y selva. El tema de la semana de formación ha sido el anuncio del Kerigma en la iniciación cristiana. La idea central que se nos ha transmitido a través de las charlas y talleres es que la catequesis no es organizar un temario para los niños, adolescentes, jóvenes y adultos para prepararlos a los sacramentos. La catequesis y toda la evangelización de la iglesia tienen como objetivo la iniciación a la vida cristiana. Para ello no hay que dar por supuesto el primer anuncio del kerigma, el núcleo de la fe Cristiana, Cristo muerto y resucitado, que lleve a la conversión de las personas y a la adhesión a Cristo. Si no llegamos a provocar en los catequizando la conversión y el encuentro personal con Cristo todos los conocimientos que demos y la realización de los sacramentos, no servirá para nada. La misión de la iglesia y de la catequesis es evangelizar, llevar al encuentro personal y la adhesión a Cristo y no adoctrinar, sacramentalizar ni moralizar.