DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO
¡Busquemos, primero, el Reino de Dios!
Hermanos y hermanas:
Este domingo, el Señor, se dirige a nosotros, que andamos con muchas preocupaciones por el dinero, por la salud y por tantas otras cosas, para calmarnos, para llamarnos a no tener demasiadas preocupaciones: “No estén agobiados por la vida, pensando qué van a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué se van a vestir… Sobre todo busquen el reino de Dios y su justicia” (Mt 6, 24-34). Y el profeta Isaías nos recuerda que tenemos un Dios que no nos abandonará, que no nos olvidará: “¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” (Is 49,14-15).
Jesús no quiere decir que no hay que preocuparnos del dinero, del alimento o del vestido. Lo que él nos cuestiona es que hagamos de estas preocupaciones materiales lo esencial de nuestra vida. El Señor Jesús nos dice que nuestra primera preocupación, y no la última, debe ser la de buscar “el Reino de Dios y su justicia.” Lo primero que tenemos que buscar los cristianos es el Reino de Dios. Pero muchos cristianos, influenciados por el consumismo y el materialismo, estamos buscando cosas superficiales, gastando nuestras energías en asuntos insignificantes, en vez preocuparnos y desgastarnos por el Reino de Dios.
Dejémonos interpelar por las palabras de Jesús y preguntémonos ¿Cuál es mi primera preocupación en la vida? ¿La búsqueda del Reino de Dios será lo primero en mi vida?

El dinero, el poder, el placer, ni las cosas materiales, no pueden ser los primeros objetivos de nuestra vida. Lo primero es el Reino de Dios. Tenemos que reorientar nuestros proyectos personales y familiares, los proyectos de nuestras comunidades cristianas hacia el Reino de Dios. Como Iglesia, como discípulos de Jesús, tenemos que ser fieles al proyecto del Reino, tenemos que buscar el Reino, anunciando el Reino y construyendo con el estilo de vida de Jesús un mundo más humano donde el “dios dinero” no condene al hambre y a la muerte a los pobres del mundo. Hemos sido creados para amar a Dios y a los hermanos. Nuestra vida vale por el amor con el que vivimos, todos los días, anunciando el Reino.
Que el Señor nos ayude a hacer de la búsqueda del Reino de Dios nuestra primera preocupación. Entonces las demás preocupaciones encontrarán su justo lugar.